Lunes, 28 de enero de 2008.
“Hay una ley universal según la cual siempre que se gana algo, otra cosa se pierde por otro lado”, dice Francesc Miralles mientras caminamos a buen ritmo por las calles de L’Hospitalet, en los lindares de Barcelona. Es una buena apreciación para iniciar la andadura de un disco que, como los pasos de Hotel Guru, ha sido un caminar de esencia suburbana que irá entrando en la ciudad sutilmente hasta llegar a la piel de todos.
Estamos aquí para fantasear con el mítico programa Cubase sobre cómo podrían sonar las canciones hasta ahora articuladas con piano y guitarra acústica. Cinco personas, un ordenador y un micro en una habitación de 5 metros cuadrados. Los vecinos, sus perros y su Manolo Escobar. Es la casa de Jordi Lligadas, guitarrista y, desde hoy, productor “con la L” del disco que, en esta fase, aún se llama (en desacuerdo general) “Suburban Princess”: “A estas alturas, toca explorar. Ir descubriendo dónde queremos ir, sonido, combinaciones… Cuando definamos el concepto del disco, sabremos cómo titularlo… o no”, ríe Jordi. Los cantantes Jordi Tamayo y Noemí tampoco aciertan a definir lo que será el producto final, más si tenemos en cuenta sus diferentes influencias. Mientras, en la demo, con todos los instrumentos simulados excepto las voces y la guitarra, los arreglos de Lligadas convierten la intimidad del acústico en gipsy balcánico, pop ‘mikero’ e intensidad The Police, entre otras referencias más bailables de lo que hubiéramos imaginado para los temas de Francesc. “Yo quería hacer folk alternativo y, al final, parece que la combinación con otros ingredientes nos llevará a territorios cuanto menos divertidos, a la par que elegantes”, reflexiona un animado Miralles. “No hay electrónica porque no hemos observado la posibilidad… pero cuidado, que nunca se sabe (risas). Eso sí, hay un punto ‘dancefloor’, fruto del consejo de Jordi Cantavella [amigo y propietario del bar L’Astrolabi, donde HG tomó la alternativa]. Nuestro repertorio, según él, necesitaba dos o tres temas más marchosos, de esos que mueven al público”. Esto es, música emocionante, con ganas, a la vez, de contemplación, gritos felinos y palmas.
Sábado, 2 de febrero de 2008.
Del comedor a la terraza, y de L’Hospitalet a Cornellà, pero siempre en el dominio de los Lligadas y en espacios tan curiosos como reducidos. En una verdadera cápsula de 15 metros cuadrados donde los hermanos Lligadas ensayan “cerca del cielo”, hemos montado la batería, el teclado, el contrabajo, el bajo eléctrico, las guitarras acústica y eléctrica. En un rinconcito, los micros y la melódica. Hoy se ‘enchufan’ las canciones, se aporrean, aceleran, desnudan y visten durante horas. La prueba con instrumentos reales es una mélange de versiones que nos llevan a la risa, y también a fruncir el ceño. En este “día A” (de Ariel, el primer batería que jugó a encontrar en tono, pero que al final se declaró más rockero), el camino se bifurca y elegimos la senda del jazz.